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La vida de los objetos

Daniel Cuberta

Daniel Cuberta lleva más de una década sorprendiéndonos con su poesía audiovisual. Sus trabajos se han visto en festivales de cine, galerías de arte y museos (desde el Festival de Locarno hasta el Reina Sofia). También ha realizado diferentes residencias artísticas fuera de España y sus películas han sido galardonadas en múltiples festivales, entre ellos el Festival de creación audiovisual de Navarra. En La vida de los objetos se recogen 30 micropiezas agrupadas en 3 bloques por el mismo autor.

Ficha

Cartel

Reseñas


La vida de los objetos. Daniel Cuberta (Collage)

por Cloe Masotta

1. CAER.  A TRAVÉS DEL ESPEJO

“Juguemos a que existe alguna manera de atravesar el espejo, juguemos a que el cristal se hace blando como si fuera una gasa de forma que pudiéramos pasar a través de él. ¡¿Pero, cómo?! ¡Si parece que se está empañando ahora mismo y convirtiéndose en una especie de niebla! ¡Apuesto a que ahora me sería muy fácil pasar a través de él! ”

Lewis Carroll,  Alicia través del espejo

Sopa de letras, sopa de piedras, sopa de lata, sopa de sopa, sopa que posa, sopa que paso. Paso a paso y sopa a sopa, paso a través de la sopa,  y me introduzco en el imaginario del realizador sevillano Daniel Cuberta Touzón. En Sopa el personaje, un muñeco de plastelina rojo-piruleta-corazón es absorbido por un plato-mar-espejo, una pantalla lumínica, líquida, a través de la que os invito a acompañarlo. Entonces, penetramos en un nuevo universo, un mundo trastocado, como el que encuentra Alicia tras su caída a través de la madriguera del conejo, pero sobre todo, cuando atraviese la superficie de un bruñido espejo, en la segunda parte de sus aventuras. Alicia cae y encuentra diversos objetos en su trayectoria, para aterrizar en un país de objetos alterados donde los gatos son invisibles, los cuerpos cambian de escala y uno corre el riesgo de ahogarse en un mar de lágrimas.
sopa
Daniel Cuberta, Sopa

En 1917 Marcel Duchamp envió el “Urinoir” a una exposición de la que él mismo era jurado.  Con motivo de la reticencia de sus colegas de incluir en la exposición la obra Fuente, un objeto de producción industrial, un orinal, el artista francés escribió: “Que el señor Mutt haya producido o no la Fuente con sus propias manos es irrelevante. La ha elegido. Ha tomado un elemento normal de nuestra existencia y lo ha dispuesto de tal forma que su determinación de finalidad desaparece detrás del nuevo título y del nuevo punto de vista; ha encontrado un nuevo pensamiento para este objeto.” (En Simón Marchan Fiz, Del arte objetual al arte del concepto (1960-1974), ed. Akal)

En Como una historia de amor, Daniel Cuberta proyecta en el choque entre dos piedras la ley de atracción de los cuerpos. En Secreto para crear islas y echarlas al mar una tortilla se transforma en una apetitosa isla ,del tamaño de Gran Bretaña, y, en otra de sus piezas cortas, una lata oxidada esconde un ruidoso Secreto para despertar a un pueblo.  En estas piezas, el realizador español retoma, en cierto modo, el decisivo gesto de Duchamp, encontrando un nuevo sentido, un nuevo pensamiento para los objetos que las protagonizan.

En el cine de Cuberta,  las palabras también son entidades que experimentan una fecunda metamorfosis.  A partir de encuentro con las imágenes, se revisten de un nuevo significado, o dotan a dichas imágenes de un sentido nuevo.  La repetición o la yuxtaposición son dos de los mecanismos que alimentan la poética del realizador español. ¿Cómo narrar el desamor? En Beso, rata, paloma…  mientras desfilan las imágenes parpadeantes, del gesto y los animales, el ósculo de los amantes se contamina atrapado entre el enfermo mamífero y el pájaro, a través de una red de asociaciones lingüísticas y visuales. A veces la memoria del espectador pasa a formar parte del juego de palabras. En De jamones y monjas, la voz en off recita incansable el conocido palíndromo silábico (mon-ja-mon-ja-mon-ja-mon…), al que corresponden sendas imágenes: las monjas y los jamones, ¿o los jamones de las monjas?, que, como los dos términos, se entremezclan dando lugar a una irónica comparación.

2. CIENTO UNO

“Vivimos en una casa de una sola habitación con 560 baldosas. Como no sé qué hacer las miro, las cuento, 35 x 16 = 560 baldosas. 20 cm2 cada una. ”

Daniel Cuberta, Qué hago yo aquí

1899 Picasso recorta en un periódico la imagen de una mujer hermosa y la pega en el dibujo de un hombre que él mismo había realizado.

1912. Picasso y Braque experimentan con la superfície pictórica, insertan en ella objetos industriales, cotidianos -desde pedazos de periódicos a fragmentos de muebles, todo sirve-  con una nueva técnica que revolucionará el mundo del arte: el collage.
moholy     todosmisamigos
Lázslo Moholy-Nagy, Entre cielo y tierra (1923)     Daniel Cuberta, Todos mis amigos

101 años más tarde en las películas de Daniel Cuberta  la técnica del collage se convierte en un fecundo medio expresivo, no tan alejado como podría parecer de los experimentos de las vanguardias de principios del S XX en que  “el cine era concebido como una esfera perceptiva con un enorme potencial (…) las técnicas asociadas al collage (las superposiciones, disoluciones y demás juegos con la imagen) permitían emular (y expandir) algunas de las experiencias íntimas vividas por el ser humano que apenas encontraban proyección en el cine convencional.” (Laura Gómez Vaquero y Sonia García López, Introducción al libro editado por las autoras: Piedra, papel tijera; el collage en el cine documental, Madrid, 8 y ½ libros de cine, 2009).


3. EL CINEASTA ES UN FINGIDOR

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente  
que hasta finge que es dolor
el dolor que de veras siente.

Y quienes leen lo que escribe
en el dolor leído sienten,
no los dos que el poeta vive
sino sólo aquel que no tienen.

Y así por las vías rueda
entreteniendo a la razón,
el tren de juguete con cuerda
al que llamamos corazón.

Autopsicogeografía, Fernando Pessoa

¿Qué hago yo aquí?  El narrador se repite una y otra vez esa pregunta.  Surge una posible respuesta, tal vez el desamor es el motivo del viaje… Pero la voz en off es también como un demiurgo que juega con el tiempo y el espacio, de la memoria y de la imagen. Mientras recuerda el número de baldosas de la habitación en la que , tal vez, vivió el final de su historia de amor, y el número de baldosas que lo distanciaban del mar, éstas se confunden con el cielo; el mismo  cielo cuajado de nubes,  que desfila a gran velocidad detrás de un edificio inmóvil, a merced del plástico artificio del cine con la velocidad y el tiempo.  ¿Qué hago yo aquí? La pregunta es enunciada ante la fotografía de Boulevard du Temple (1828) de Daguerre y vuelve al presente en los rótulos escritos sobre una hoja de papel de un viandante que, desde la lejanía de un plano de una ciudad, interpela al espectador… ¿Qué hago yo aquí? Si no fuera el amor el motivo de mi viaje, se dice el narrador,… podría serlo captar las imágenes de todo lo que está en movimiento.


Collage. La memoria es fragmentaria, tal vez sea a través del parpadeo de imágenes que se encaraman, se encabalgan, unas sobre otras, con palabras que las completan, que podamos conseguir construir una imagen de ella. Por ejemplo, tratar de expresar cierto deseo, indefinible, a través de una serie de instantáneas inconexas, que culmina en unos labios-costura-cicatriz en Falta personal sobre los que emerge una frase sobreimpresa:  “mejor haberse callado”.  Collage. Engarzar, estructurar, montar, todas esas imágenes y palabras que nos habitan. Historias que hemos vivido, o que hubiéramos podido vivir. En algunas de las obras más recientes de Daniel Cuberta como Excepciones (2011), Caras (2012) o La historia más triste  ya no es el objeto sino la misma imagen de lo real, capturada muchas veces casi a modo de diario, la que cobra un nuevo sentido. Recordemos las palabras de Duchamp sobre la  Fuente con que iniciamos este texto. Sustituyamos el “objeto encontrado” de la historia del arte por ese poso de lo real capturado por la cámara. No es en este caso el objeto sino la imagen lo que el cineasta dispone de tal forma que su determinación de finalidad desaparece detrás, del nuevo punto de vista; ha encontrado un nuevo pensamiento para esa imagen.

Como el poeta, el cineasta es un fingidor que se vale de todo tipo de materiales que campan a sus anchas en sus imágenes: siluetas de papel que caen desde lo alto de un edificio, piedras que entrechocan, latas que ruedan cuesta abajo, piruletas en sartenes y tortillas en mapas, poemas recitados a través de una voz en off, o insertados sobre las imágenes; impresiones y sobreimpresiones, capturas cotidianas de viajes y paseos, son solo algunas piezas del engranaje audiovisual, del estimulante fingimiento que Daniel Cuberta construye en cada una de sus películas.

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