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La imagen y la voz

Virginia García del Pino

Virginia García del Pino (Barcelona, 1966) es directora de cine de no ficción y directora de proyectos del Master de Documental Creativo de la UAB.
Tras licenciarse en Bellas Artes, su producción como videoartista la acerca al género documental.

Sus vídeos surgen de una tentativa de comprender el mundo desde una óptica menos dolorosa, gravitando alrededor de las convenciones sociales de la representación, y es, seguramente, en ese intento de comprensión donde suele optar por una contundente sencillez formal. Es precisamente de esta mirada a lo conocido (lo cercano, lo cotidiano) como si no lo conociera de donde parece emerger la profunda humanidad de sus vídeos y la dignidad de sus retratados.

Ficha

Cartel

Reseñas


La imagen y la voz. Virginia García del Pino

por Cloe Masotta

En Notas que nunca utilicé ( texto publicado en: Vanesa Fernández y Miren Gabantxo (Ed.), Territorios y fronteras: experiencias documentales contemporáneas, Servicio Editorial Universidad del País Vasco (UPV/EHU), 2012) Virginia García del Pino escribe sobre sus inicios en el documental, en México, trabajando aún sin cámara de vídeo, con un proyector de diapositivas y un radiocasette. “Como no tenía dinero, no podía sincronizar las imágenes con el sonido, de manera que, a cada vuelta del carro de 80 diapositivas, la película cambiaba sin que yo tuviese el control sobre ella. Esta manera de trabajar me enseñó a explicar historias en las que las imágenes no servían simplemente para ilustrar el sonido, sino que creaban nuevas lecturas, añadiéndoles significados a cada nueva coincidencia.”  Desde el trabajo con diapositivas y cintas de casette, en una instalación que dará como fruto el vídeo Pare de sufrir (2002) hasta la exploración de las posibilidades del zoom de la cámara digital en El Jurado (2012) en la obra de Virginia García del Pino ha estado presente el descubrimiento de las posibilidades de esa fértil asincronía entre la imagen y la voz. Y también un hambriento afán de experimentar. Siempre. Lo podemos sentir en cada una de sus películas, como un reto que vivió primero la realizadora y que permanece en cada una de ellas. Sobre todo, en lo que late entre plano y plano: una mirada lúcida que no pretende desvelar “mundo” sino sus fisuras. “Hay algo en el cine que es lo que me interesa y lo que busco en mis películas que es una fisura entre plano y plano, algo así como pequeñas grietas por las que se escapan mundos paralelos a la película en sí, o a la historia que me está contando. No son traducibles en palabras, quizás, pero dejan rastros de dudas o emociones que me parecen fascinantes. No todas las películas consiguen eso, pero cuando lo consiguen me parece un medio apasionante. “ (ver: Notas que nunca utilicé ).

Dichas fisuras nacen, en muchas de sus películas, en un intersticio,  a partir de un cuidadoso trabajo montaje en “que las imágenes no sirven para ilustrar el sonido” ni viceversa.  Por eso nos gusta imaginar los diez años de trayectoria fílmica de Virginia García del Pino como una matrioska. Un mecanismo cuyo secreto se concentra precisamente en ese momento mágico en que descubrimos, al desencajar, o montar y desmontar las dos piezas que componen cada una de las muñecas, un nuevo objeto. Todas forman un conjunto, comparten un mismo corazón, pero, al mismo tiempo, cada una de ellas descubre un rostro nuevo. Proponemos un recorrido por algunas de las piezas que configuran su trayectoria fílmica, siguiendo el hilo de la Notas que nunca utilicé de Virginia, pero también de los escritos de algunos de los críticos y programadores que a viva voz nos han dado a conocer su cine.  

Abrimos la primera muñeca. La trayectoria artística de Virginia García del Pino arranca con su ingreso en Bellas Artes, que la llevará a disfrutar de una beca de estudios en México  de 2002 a 2004.  La trayectoria cinematográfica se inicia con su primer pieza de video Pare de Sufrir (2002).  En Virginia del Pino: ideología, clase y familia ( texto publicado en la revista  Em Questão, v. 18, n. 2,  2012) Josetxo Cerdán analiza los orígenes de la pieza: “El proyecto consistía en una instalación, una de cuyas partes era la proyección aleatoria de una serie de fotografías tomadas en el DF Mexicano mientras una cinta magnética reproducía en bucle un conjunto de declaraciones que la misma autora también había tomado en la calle. El efecto que perseguía la pieza se puede entender dentro de las tradición vanguardistas del collage plástico y del azar (las imágenes y las declaraciones nunca coincidían de igual forma). Per del mismo modo se puede vincular al montaje de atracciones y al contrapunto orquestal propuesto por Sergei Eisenstein, Vsevolod Pudovkin, y Grigori Aleksandrov a finales de los años veinte del siglo pasado. Así,  Pare de sufrir, concebida en origen para el espacio museístico, se puede leer, no sólo desde las tradiciones de la vanguardia plástica, sino también desde los postulados de la vanguardia cinematográfica.”

Si en Pare de sufrir se rompe toda posible narración lineal a través de la asincronía entre el “carro de imágenes” y el coro de voces,  Mi hermana y yo (2009) es protagonizada por dos adolescentes que miman con sus labios las declaraciones de otros, a los que nunca veremos en el filme,  procedentes de una serie de sesiones de Constelaciones Familiares.  En un texto sobre la película publicado en Blogs & Docs (Mi hermana y yo, 4 de mayo de 2009: http://www.blogsandocs.com/?p=386)  Elena Oroz escribe sobre esas voces sin cuerpo que ocupan el espacio sonoro del filme:  “Si bien los créditos finales nos revelan la existencia de cuatro voces femeninas, en el vídeo a penas llegamos a “identificar” o procedemos a condensar en tres: una suerte de mediadora que orquesta un diálogo y una voz femenina y una masculina, a las que otorgamos el papel de unos hermanos, tal como apunta el título y que, de forma desconcertante, vemos corporeizadas en la pantalla en la figura de dos adolescentes tendidos en un césped y que, unidos por unos auriculares, recitan el discurso emitido por los adultos. Una estrategia de distanciamiento y extrañamiento, constante en el filme, que nos posiciona en un tiempo ambiguo, entre el pasado y el futuro, entre la regresión a la infancia o la proyección hacia la edad adulta.”

Abrimos la segunda muñeca. En el instersticio, hallamos una fisura entre el concepto de verdad y mentira, o realidad y ficción, a través de el recurso a la entrevista, supuesto garante de veracidad en el género documental. En Lo que tu dices que soy (2007), Virginia entrevista a  Enrique Muñoz, enterrador; Alvaro, guardia civil; Antonio León, matarife, Karina, stripper; Josep, cuidador de cerdos; Encarna Martínez, parada intermitente. En el texto citado unas líneas más arriba, Josetxo Cerdán explica como la realizadora, en relación con ciertas limitaciones, como por ejemplo no disponer en algunos casos de media hora para realizar las entrevistas, dijo a los personajes “que podían mentir en la entrevista, que lo que esperaba de ellos no era sinceridad sino respuestas.(...) La cuestión es que Virginia García del Pino no tenía intención de bucear en la vida de un Guardia Civil o de una striper en concreto, sino que quería trabajar sobre las proyecciones sociales de estas profesiones (…) Por eso no es determinante conocer previamente al Guardia Civil o lo que cuente la striper sea  cierto, lo importante es como ambos, al igual que los otros cuatro prsonajes, se reperesentan a sí mismos en su teatro laboral y como se defienden de los sobreentendidos que circulan socialmente sobre sus profesiones.” 

También en Espacio Simétrico (2010) García del Pino recurre a la entrevista para presentar a sus personajes.  Una peculiar simetría se configura a través de las entrevistas una enferma terminal de cáncer y un astronauta, que en realidad no lo es, pero que realiza de forma más que convincente su papel. ¿Esconderán algún secreto los subtítulos para aquél o aquella que entienda lo que dice el cosmonauta imaginario en japonés? Siempre sensible a la experimentación con los materiales de que están hechas sus imágenes, en el film García del Pino experimenta con las posibilidades fílmicas del  Super 8mm, se trataba, según la realizadora de “grabar lo mínimo posible, debía utilitzar sólo 3 rollos de 3 minutos. Me interesaba la idea absurda de hacer entrevistas en cine. Me gustaba saber que tenía que resolverlas en 3 minutos y si salía mal,  no habría película.” (ver: Notas que nunca utilicé).  Incansable exploradora del medio en Festen García del Pino investiga las posibilidades del found footage.

La tercera muñeca oculta otro acercamiento a una profesión invisible, o desprestigiada  socialmente,  el de las chicas de servicio, pero también a las mujeres para las que éstas trabajan, en Sí Señora (2012),  la recuperación de un material fílmico parte del cual había utilizado en Hágase tu voluntad (2004).  García del Pino las entrevista en los hogares en los que unas trabajan y las otras ejercen su poder doméstico.  Una vez más el secreto de la pieza se halla en un espacio de tensión que reside no tanto en las declaraciones de las trabajadoras sobre sus señoras, sino en sus silencios, en lo que dejan tras de sí  sus  palabras-  condicionadas por la presencia del otro, o el efecto de panóptico al hallarse, precisamente, en su espacio de trabajo. Espacio también en que se desarrollan las relaciones de poder que tan bien disecciona la cineasta.

Diez años después de Pare de Sufrir, de México a Barcelona; el año 2012 en El jurado,  García del Pino planta su cámara en una sala de juicios, descubre la enorme plasticidad del zoom digital, y detiene su objetivo delante de los rostros de los miembros de un jurado popular, en una poderosa reflexión sobre los entresijos del poder.  En una entrevista reciente,   Miquel M. Freixas pregunta a la realizadora: “Sabemos del difícil encaje de estas prácticas cinematográficas que amamos. Y con los tiempos también difíciles que estamos viviendo, económicos, sociales, a veces me pregunto para qué seguir. ¿Qué te lleva a continuar?” La respuesta es hermosa y contundente: “Los mismos motivos de siempre. Nunca he hecho esto por dinero, seguramente sea falta de fe en mi misma, pero de todos modos si no hiciera esto, haría otra cosa, hice pintura en Bellas Artes, supongo que estaría pintando. Lo que no puedo es estar sin hacer nada, necesito algo que ocupe mi mente y precisamente me despiste de la crisis y la corrupción de los políticos, lo que no significa que no me afecte el tema. Pero necesito despistarme y pensar en mis peliculitas. Creo que es algo inherente al ser humano, hacer cosas, y esto no tiene nada que ver con el trabajo. En catalán hay una distinción que me gusta mucho: “fer feina” (hacer trabajo) y “treballar” (trabajar). Lo que yo hago es “fer feina” sin más.” La pasión de Virginia García del Pino por el cine, lo es también por la transmisión. Mientras sus películas se proyectan en festivales como Punto de Vista en Pamplona, el FID Marseille, o el Distrital en México,  entre muchos otros, hoy la cineasta compagina su labor artística con la transmisión de sus conocimientos, entre otros lugares, en  Hangar, a través del Laboratorio de Documental Creativo DIY,  y en el Máster de Documental Creativo de la Universitat Autònoma de Barcelona, donde además de profesora es coordinadora de proyectos. Sin ninguna duda la incansable artista, cineasta y docente, tiene aún muchas matrioskas que descubrir.

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