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Hurgando en La herida

Fernando Franco

Márgenes ofrece una retrospectiva online de los cortometrajes de Fernando Franco. La muestra está dividida en tres bloques: ficción, ensayo y videoclips y ofrece un amplio repaso a la trayectoria del director sevillano.

15 fórmulas alternativas de filmar la angustia de vivir

Gonzalo de Pedro Amatria

Uno de los trabajos menos conocidos de Fernando Franco lleva por título 15 fórmulas alternativas para matar el gusanillo y aunque a su autor le cueste reconocerlo, es una comedia brillante y precisa, además de concisa, sobre el gran tema que Fernando lleva abordando de muy distintas formas en su carrera como realizador: la vida como patología, la existencia como enfermedad, la relación de uno mismo con el mundo como fuente de dolores y heridas incurables. A través de quince diferentes patologías referidas a la comida (desde la ingestión de uñas, a heces, pasando por clavos, hormigas o cristales), Fernando hace un retrato metafórico pero muy acertado de las formas más extremas en que la vida, y uno mismo, puede convertirse en un infierno. En ocasiones, el infierno no son los otros, sino uno mismo.

Lo interesante del trabajo de Fernando no es, sin embargo, su empeño en radiografiar las heridas más profundas que puede producir algo tan complicado como amar, querer, o sencillamente, vivir, sino que esa investigación casi emocional camina de la mano de un trabajo formal, de una investigación sobre la pertinencia de las imágenes, sobre cómo contar, con qué imágenes, y sobre todo, por qué. No sé si por los años que Fernando lleva montando imágenes ajenas, o si justamente su capacidad para pensar sobre ellas fue la que le convirtió en montador, todos sus trabajos, ya sean documentales, experimentales, ficciones o videoclips, parten de un análisis casi matemático de aquello que se va a rodar, cómo, y sobre todo por qué. Me van a permitir una pequeña anécdota, ahora que estamos en familia: conocí a Fernando por azar, porque la persona que iba a montar mi primer cortometraje de ficción tuvo que bajarse del proyecto, y los productores, que eran además amigos suyos, le engañaron para que trabajara en aquel corto. En la primera reunión que Javier Garmar, codirector, y yo, tuvimos con Fernando, dejó las cosas muy claras: “Yo no soy un pegaplanos. No vamos a hablar de si un plano se corta un fotograma antes o después. Lo primero es que me contéis el corto, y que me contéis el cómo, el para qué y el por qué”. Ese ejercicio racional, científico, de indagación en las razones, los porqués, las preguntas y los motivos, es el primer paso en un trabajo que permite encontrar las estructuras, las lógicas internas, los cortes apropiados para cada imagen. Y ese método, que Fernando aplica a las imágenes ajenas, lo aplica con mayor radicalidad si cabe en sus propios trabajos: pequeños trabajos quirúrgicos sobre el dolor de la existencia, pequeñas obras maestras de algo tan contradictorio como las matemáticas de la vida.

Gonzalo de Pedro en http://cinemaniemeyer.wordpress.com

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