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Mecanos lúdicos #1: Pene

León Siminiani | España | 2005 | 4 min 36 s

Un relato narrado con voz en off a través de los supuestos objetos espacios y fotografías de los protagonista. La historia sentimental de Antonio y Pilar, procedentes de clases sociales distintas e influenciados por un artículo de El País sobre el cambio de actitud de los españoles en torno al sexo, da lugar a “PENE (otra historia de amor)”.

Ficha

Cartel
  • Dirección: León Siminiani
  • Guión: León Siminiani
  • Edición: León Siminiani
  • Fotografía: León Siminiani
  • Intérpretes: Mona León (Voz)
  • País: España
  • Año: 2005
  • Duración: 4 min 36 s

Reseñas


Mecanos lúdicos

Cuéntame un cuento que parezca verdad: Mecanos lúdicos

Luis E. Parés


 La importancia de la obra corta (sería de tontos llamarla ‘obra menor’) de Elías León Siminiani radica en que en ella ya se prefigura con total nitidez la voz que orientará todo su trabajo, incluyendo Mapa, su primer largometraje. Y uso la palabra voz, en su acepción de ‘estilo’, ‘modo’ , pero también en su significado literal, voz como timbre, como tono. Y es que la mayoría de las películas de Siminiani tienen un voz que te lleva y te narra, que te maneja y te bascula. Una voz over (en muchas ocasiones, la del propio autor) que te cuenta una historia, que las imágenes pueden ilustrar… o no.

A estas alturas de la película es un tópico hablar de contaminaciones entre documental y ficción. Pero es que la obra de Siminiani nace en esta conocida tierra de nadie. Pero sin embargo, da la vuelta como un calcetín a lo que entendíamos, a lo que siempre se había visto de esa contaminación. Siempre que se piensa en la mezcla de ficción y documental se piensa en la puesta en situación de los documentales, en la reconstrucción. Siminiani actúa a la inversa: escribe un guión casi de hierro para ilustrarlo con imágenes extraídas de lo real, en las que a priori no hay más intervención que el encuadre. Ese ‘guión de hierro’ no es otra cosa que un meditado discurso es el que vehicúla toda la emocionalidad de la película, con sus puntos de giro, sus contrastes, su humor para que todo fluya… La película Límites primera persona es toda una declaración de principios (de una honestidad sólo pareja a su brillantez) sobre esto, sobre cómo el cine es ante todo construcción de un discurso, mucho más que registro de la realidad, pero quizá en pocas películas se vea tan nítidamente como en estos Mecanos Lúdicos, una serie que, en palabras de Josep Maria Català, “forma un conjunto de propuestas que se mueven entre el falso documental, el mock-documentary y el ensayo fílmico. Es en estas obras donde las consecuencias de la mirada al mundo desde otra parte aparecen en su forma más clara.”

Esta serie está compuesta por tres piezas Vecinos (2005), Pene (2006) y Salto (2007). En ellas, el autor intenta componer una especie de mitología costumbrista de la vida moderna, sobre la vida sexual, las reuniones de vecinos donde se juntan distintas generaciones o el trabajo creativo de encargo – mezclado con las obras de una ciudad. Esta películas serían, si creyésemos en las categorías, ficción. Y si creyésemos en la literatura, diríamos que son fábulas, pero fábulas con las que nunca puedes llegar a identificarte, pues las imágenes, extraídas de la cotidianeidad, de la sencillez, dentro de un apartamento, se sitúan, como espectador, en una actitud pasiva, incluso de desconfianza.

Vecinos cuenta una reunión de vecinos y cómo a partir de la discusión sobre un tema normal, como la instalación o no de un ascensor, van emergiendo dramas personales, amores rechazados, tragedias compartidas. Sin embargo, la historia (de una ficción total que además no se intenta ocultar) es contada no mediante personajes, sino mediante objetos, sillas, taburetes, cuadernos, escalones, objetos todos ellos registrados no sólo de la realidad sino sin la estetización propia la ficción. Como si esa reunión hubiese tenido lugar y el director sólo hubiese grabado los restos del naufragio, los indicios de que aquello pasó.

El caso de Pene ya es una especie de rizar el rizo de todo lo anterior, ya que convierte la ficción en una metaficción sarcástica para reflexionar (y reírse) del mismo concepto de guión y de guionista. La película acaba con una escena de ficción, puesta en escena, iluminada, con actores, que acaba siendo quizá lo más real de la película, porque es la única imagen que está dentro del relato, que pertenece a él. Pene es a la vez, un relato (la ‘otra historia de amor’, del subtítulo) y su análisis, una historia y la historia de esa historia. Las imágenes, otra vez, lo que se tiene a mano: el teclado del ordenador, fotos, revistas, vistas de edificios (que bien podrían ser el edificio de enfrente)… Este recurso a imágenes de recurso van creando una ilusión de veracidad (y esta ilusión de veracidad es importantísima en Siminiani, ya que es lo que hace que se olvide su ‘guión de hierro’), van modulando, ritmando el discurso. Y el discurso se convierte en juego.

Y en Salto ya encontramos el gran juego. O cómo convertir un encargo en una obra que sólo te satisfaga a ti. Una pieza donde, en cierto modo, se pretende desacreditar la pieza anterior de Pene, mostrando el proceso creativo como algo vital, improvisado, que depende de los estímulos y de las señales, abierto… pero como siempre, con un montaje muy (bien) ritmado, con imágenes que se repiten, con palabras que se repiten, con conceptos (visuales, verbales) en loop que nunca te abandonan. Guión de hierro para una película abierta.

Escritura y planificación, imágenes de lo real, juego, veracidad, velocidad… todo ello acaba formando una obra, homogénea (de ahí que Siminiani siempre agrupe sus películas en series: Conceptos claves, Díptico de Ainhoa, Mecanos lúdicos, que muestran a un cineasta que crea una voz entre dos mundos contradictorios. Un cineasta capaz de escribir de una forma precisa lo real, de trabajar con lo real como si de una ficción se tratase, y viceversa (este viceversa es otra de las claves del cine de Siminiani, como a todo se le puede dar siempre la vuelta). Mecanos lúdicos nos plantea muchas preguntas, pero quizá la más pertinente de ellas sea la de su categoría: ¿No será que la obra corta de Siminiani es en realidad su obra mayor?

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