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O quinto evanxeo de Gaspar Hauser

Alberto Gracia/ España/ 2013 / 61'


Nuevo episodio de las peripecias del 'enfant sauvage' Gaspar Hauser, acompañado de su inseparable y bienquerido caballito de madera. Sujeto imposible, Gaspar tiene en esta ocasión la personalidad fragmentada en cinco personajes arquetípicos: un enano sadomasoquista, una seductora doncella, un tipo cínico y déspota, un marinero romántico y un batman patético, encarnado este último por el propio director de la película. Un antihéroe de bata y zapatillas, fumador compulsivo, reflejo de la inadaptación en la que está inmiscuido el hombre decepcionado, el hombre que piensa, el hombre que es de este mundo sin serlo.

Ficha

Cartel
  • Dirección: Alberto Gracia
  • Guión: Alberto Gracia
  • Edición: Alberto Gracia, Diana Toucedo
  • Fotografía: Mauro Herce
  • Sonido: Alberto Fracia, Enrico Fiocco
  • Intérpretes: Josecho, Sara García, Oliver Laxe, Nando Vázquez, Alberto Gracia, Pedro Soler, Quique Amil
  • Director de producción: Oliver Laxe, Felipe Lage
  • País: España
  • Año: 2013
  • Duración: 61 min
  • Estreno en Márgenes: Sábado, 30 Noviembre 2013

La dirige...


ALBERTO GRACIA
Ferrol, 1978. Estudió en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra, donde cursó la especialidad de escultura. Realizó exposiciones en diferentes países del mundo. Su obra participa de herramientas como la pintura, el dibujo, la performance, el vídeo y la instalación. Interesado en la estética, publicó en diciembre de 2010 su primer libro de ensayo titulado "MICROFUGAS, Teoría y juego de la profanación". Su primera incursión en el cine es Microfugas (2008), cortometraje rodado en 16mm. O Quinto Evanxeo de Gaspar Hauser es su primer largometraje.

Reseñas


Un enigma en siete versículos

por Javier Estrada

Franceses, japoneses y norteamericanos están más acostumbrados que nosotros al concepto OFNI (Objeto Fílmico No Identificado). No es que la historia del cine español esté exenta de obras desafiantes que se resisten a cualquier denominación, pero sus autores (podríamos hablar de Antxon Eceiza, Paulino Viota, Gonzalo García-Pelayo y un abismal etcétera) han quedado generalmente relegados a la posición de malditos cuya salida del olvido es extremadamente laboriosa.

O Quinto Evanxeo de Gaspar Hauser, primer largometraje de Alberto Gracia (Ferrol, 1978), parecía abocado a un destino igualmente sombrío. Un síntoma inequívoco de que algo está cambiando es que semejante OFNI haya tenido una visibilidad importante, viajando durante todo este año por festivales como Lima Independiente, Sevilla, Gijón o Cineuropa. Todo empezó en Rotterdam, probablemente el certamen que con mayor naturalidad se entrega a las maravillas de lo extraño. Incluso para los parámetros del festival holandés, O Quinto Evanxeo era una criatura inusual. Nadie sabía qué hacer con ella, cómo interpretarla, pero existía la certeza de que se trataba de la verdadera sorpresa de la última edición. Pese al desconcierto que generaba, el film fue justamente reconocido con el premio FIPRESCI.

Su título nos hace creer que asistiremos a la representación de la existencia de un personaje célebre: Kaspar Hauser, ese “niño salvaje” que creció en una cueva, aislado del mundo hasta que apareció en la localidad bávara de Núremberg en 1828 para convertirse en un colosal enigma que inspirará estudios científicos, dramas teatrales (como los firmados por Adolphe d'Ennery o Peter Handke) y también películas. La versión fílmica más destacable es sin duda la acometida por Werner Herzog en 1974, cuyo turbador título original podría traducirse como Cada uno por su lado y Dios contra todos. La huella de Herzog es perceptible en el debut de Alberto Gracia, no sólo por la figura a la que alude, sino por su interés por los outsiders, por la demencia y el delirio, por la naturaleza como una fuerza incontrolable, violenta y en continua transformación.

El film se estructura mediante un prólogo y siete capítulos o versículos concisos (al tratarse de un evangelio el último término sería más adecuado). En el inicio vemos al pequeño Gaspar aprisionado en una cueva junto a su caballo de madera, aparentemente su única compañía. A continuación se dan cita otras cuatro presencias que conforman una troupe absurda: una chica de aspecto inocente, un tipo ataviado con vestimenta sadomasoquista, un marinero y un Batman que fuma un cigarrillo mientras cuelga del techo. Fuera, el paisaje experimenta una revuelta. Un viento apocalíptico mueve el cielo. El bosque se encuentra en plena agitación. El fuego se aviva. Un animal abierto en canal tiende de un árbol. Estos elementos se apoderan de la película, lo que sucede dentro de la celda no es más que una anécdota comparado con la energía que viene del exterior. En un momento cumbre, observamos el temblor de un caballo y su posterior trote, buscando una liberación imposible, el cerco siempre estará allí. Todo gran film experimental es una indagación en el concepto de libertad y, por lo tanto, también en los límites del cine. O Quinto Evanxeo expande sus límites hasta el extremo. Más que el debut de un joven realizador parece la obra de un artista que encara su obra final. Gracia ensaya todo tipo de tonos y estrategias, como si el cine estuviese a punto de desaparecer. El resultado es una película de múltiples texturas, con las rugosidades palpables que sólo el celuloide puede ofrecer. Su propuesta estética surge de la filmación en Súper 16 mm y su posterior escaneado a digital. Los orígenes del cine funcionan una vez más como base de la vanguardia. El blanco y negro domina el metraje pero de pronto se suceden diversos virados a rojo, amarillo y verde; hasta llegar a una secuencia filmada en color.

El carácter heterogéneo no es sólo una cuestión de forma. Sinfonía en siete movimientos bien diferenciados, O Quinto Evanxeo pasa rápidamente de la inocencia al horror, de lo sagrado a lo carnal, nos muestra un mundo en continua destrucción y renovación, puro y putrefacto. Uno de los últimos versículos está dedicado casi por entero al humor. De la comedia muda pasa a la sitcom de risa enlatada, hasta concluir con la sintonía del Batman de los 60’. Otros pasajes se entregan al fantástico, como ese momento en el que la película queda poblada exclusivamente por murciélagos, invitando a pensar que los personajes han sufrido una transmutación vampírica (sea o no un guiño premeditado, el espectro de Iván Zulueta se aparece varias veces a lo largo del evangelio). Incluso, el desenlace puede verse como un documental post-rodaje: en el séptimo versículo, llamado Babel, vemos a los protagonistas tumbados sobre la hierba. El superhéroe se quita la careta y tras ella se encuentra el realizador, Alberto Gracia. Esta sucesión de tonos, texturas y elementos inconexos expone la verdadera clave del film: la identidad como un concepto esquizofrénico, finalmente indescifrable. Por eso, al terminar la proyección, quizás alguien pregunte: “entonces, ¿quién era Gaspar Hauser?”. Poco importa en realidad, pero si insiste, la respuesta sólo puede ser: Gaspar Hauser somos todos.

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