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torres leiva

VI Festival Márgenes. Muestra Torres Leiva

Torres Leiva. Un lugar en el mundo.

Muestra online
11-31 de diciembre 2016

Director, guionista y productor. José Luis Torres Leiva (Santiago de Chile, 1975) ha realizado diversos largometrajes y cortometrajes independientes, como Ningún lugar en ninguna parte (2004), Obreras saliendo de la fábrica (2005), El tiempo que se queda (2007), Tres semanas después (2010), Ver y escuchar (2013) o Qué historia es esta y cuál es su final (2013). El cielo, la tierra y la lluvia (2008), su primer largo de ficción, fue estrenado en Rotterdam, donde fue distinguido con el premio FIPRESCI.



UN LUGAR EN EL MUNDO
(por Iván Pinto)

En algo más de 10 años en que hemos podido ver una obra en curso en el medio chileno, la de José Luis Torres Leiva destaca por lo prolífico (ocho largometrajes en 10 años, una enorme cantidad de piezas más pequeñas) y por su radical eclecticismo en formatos, géneros y soportes. Hablo de alguien que puede pasar por largometrajes con más peso industrial como es el caso de la ficción El cielo, la tierra y la lluvia (2008),  experimentos a más baja escala de producción como 11 Habitaciones en la antártica (2013), Los soñadores (2016) , Primer día de invierno  (2009) o Trance (2008),  incursiones en el documental más “clásico”  en El tiempo que se queda (2007 y Tres semanas después (2011) o Ver y escuchar (2013) y verdaderas hibridaciones entre el documental, la ficción y el experimental como es el caso de Verano (2012), Ningún lugar en ninguna parte (2004) y su más reciente película El viento sabe que vuelvo a casa (2016).

Una forma de comprender este diverso y prolífico itinerario podría ir de la mano de una reflexión rigurosa sobre los elementos primarios del cine: desde Ningún lugar a ninguna parte a El viento sabe que vuelvo a casa, a la presencia del propio proceso de producción dentro del filme se suma una pregunta cualitativa y fundamental respecto a aquello que constituye como tal la experiencia cinematográfica. He ahí, entonces, el final de El viento sabe que vuelvo a casa en el juego en que se encuentran el cineasta Agüero quien protagoniza el filme y el niño donde no se saben bien los límites  del quien juega con quien. O el constante ida y venida de Ningún lugar en ninguna parte como juego con la trastienda, lo que empieza con una referencia a Llegada del tren a la Estación de la Ciotat de los Hermanos Lumiére (1895)  y ese juguetón subtítulo “Apuntes para un documental sobre la ficción”.  ¿Cómo pensar estas claves en su cine, apenas dejadas como pistas para un espectador medianamente atento? ¿Qué lugar tiene el juego, la duda o la sorpresa en este universo de obras?

Hay, además, algo que ha estado presente en gran parte de sus trabajos, esto creo que podría llamarlo un “postulado igualitario” que involucra transversalmente a su cine. Esto se encuentra presente, por ejemplo, en su cortometraje Obreras saliendo de la fábrica (2005) donde se trata de reparar el tiempo subjetivo al orden del trabajo creando en el cine un universo apenas posible o imaginable para ello; o en Ver y escuchar pensar los principales “medios” del cine -la imagen y el sonido- en vista sus aparatos sensibles- la vista y la escucha- para buscar reflejar la experiencia de personas con discapacidades auditivas y visuales, hacia formas exploratorias de traducción, hacia una idea de transmisión táctil donde la sutileza es el lugar de una ética y una responsabilidad respecto al otro.  O pensemos en sus ficciones la vocación por los personajes figurantes, sujetos que a veces funcionan como un coro anónimo que puede llegar a disolverse en el propio paisaje.  Tímidos errantes que imposibilitan o detienen la lógica funcional del relato dramático exigiendo otro tipo de atención.

Aquí, no hay héroes ni épicas posibles. El tiempo del cine de José Luis Torres Leiva es el tiempo que obliga a detener, pensar y rememorar, yendo hacia lo más próximo e íntimo de nuestro vínculo con el mundo, abriendo un lugar (en el cine) para ello.